No quiero pensar que perdí la esperanza, quiero imaginar que es por el estrés pre-finales o que posiblemente estoy atravezando una etapa difícil de mi vida. Sin saber bien el motivo, tengo que aceptar que cada día pierdo un poco más mi fe hacia el proceso de paz que se está llevando a cabo en la Habana.
Creo que tengo mis razones, entre las que sobresale el fantasma de los diálogos de paz en el Caguan, el hermetismo que tiene el proceso en la Habana y los escasos (por no decir nulos) resultados que han mostrado.
Pero no siempre he pensado así de negativo. Creo que pertenezco al 1% de los estudiantes de mi universidad que cree en el proceso de paz. En medio de cualquier clase, en donde el tema sale a colación, soy el único en levantar la mano cuándo el profesor nos consulta si “¿Quiénes creen que ese proceso de paz va a ser efectivo?”.
Mis razones siempre fueron que es distinto, porque en el actual no hay ni zona de despeje, ni un cese de hostilidades. Por esto, la guerrilla no puede tener de excusa el proceso de paz, mientras se reorganizan y vuelven a adquirir el poder de antes.
También pensaba que el hecho de hacerlo en Cuba era garantía de que el proceso se blindaría del mal manejo que le dieron los medios en la zona de despeje, y que además se estaría protegiendo de algunas personas que atacan y agreden el proceso por simples intereses personales.
Todos estos aspectos me hacían pensar que si la forma de hacer los diálogos de paz eran distintos a las vías que usamos en el pasado, muy seguramente el resultado era distinto. Además, ¿qué hay de malo en tener esperanza y fe?
Pero entre más pasa el tiempo, menos esperanzas me quedan. Y ¿cómo quieren que tenga esperanzas al proceso si las FARC niegan tener vínculos con el narcotráfico, niegan tener más secuestrados, niegan ser dueños de tierras? En pocas palabras, estamos negociando con un grupo de hermanos de la caridad, si esto es así, ¿qué se tiene qué negociar?
En segundo lugar, mi teoría acerca de blindar los diálogos contra la prensa mal intencionada y contra intereses personales no se ha demostrado y por el contrario, vemos que los colombianos esperan sentados a que un grupo de personas decidan entre ellos el futuro del país, que si ganamos o perdemos, solo nos enteraremos cuando ya la firma esté en el tratado. Y quiero hacer énfasis que, si los colombianos creen que el trato fue injusto, la paz no llegará, por el contrario, veremos como muchas victimas o incluso personas del común empezarán a tomar justicia por su cuenta.
Además, los críticos del proceso ya no pueden criticarlo por bases sólidas, pues la información solo llega en forma de chisme, lo que es peor, ya que muchos pueden creer todos esos rumores. Si hubiese un mejor cubrimiento y mucha más información, estos rumores se caerían por su propio peso.
Para finalizar, hace poco las FARC apoyaron la reelección de Juan Manuel Santos, hecho que a mi parecer va en contra de la ética, ¿ahora resulta que la paz depende de que Santos siga en el poder? Ahora nos chantajean para darnos NUESTRO DERECHO a la paz, con unas elecciones, que definen mucho más que un proceso de desarme (porque una cosa es el desarme de la guerrilla y otra muy distinta es la paz en Colombia).
Ah, y recordemos que hasta la fecha, el proceso supuestamente avanza, pero no se ha llegado a ningún acuerdo. En pocas palabras, estamos casi en las mismas.
Pero bueno, es simplemente mi opinión, la cuál quería hacerla pública como protesta y pedir, desde mi pequeño espacio de opinión, un poco más de seriedad y celeridad a aquellos que parecen más de paseo en las playas del Caribe, que buscando soluciones al conflicto armado en Colombia.
Quisiera conocer sus opiniones sobre el proceso ¿Lo apoyan, guardan la esperanza, nunca la han tenido, o como yo, cada día es más pequeña? Comenten con su nombre y cuenta en Twister para poder enriquecer este debate en el que falta TODO por decir.
Santiago Gómez Hernández
@SantiagomezH