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sábado, 4 de mayo de 2013

¿HABLANDO DE “LEGALIZAR MARIGUANA”?

“En 1619 se estableció la primera ley sobre marihuana en la Colonia de Jamestown, 
Virginia, “ordenando” a los agricultores a “hacer intento de” sembrar cañamón de la 
India. Leyes más mandatarias de cultivo de cáñamo fueron establecidas 
en Massachusetts en 1631, en Connecticut en 1632 y en las Colonias de Chesapeake ya 
a mediados del siglo XVIII. 

Hasta en Inglaterra, el muy buscado premio de la plena ciudadanía británica era 
conferido por decreto de la corona a los extranjeros que cultivaran cannabis, y con 
frecuencia se aplicaban multas a quienes se negaban a hacerlo. 
El cáñamo cannabis era medio de cambio (dinero) en gran parte del continente 
americano desde 1631 hasta comienzos del siglo XIX. ¿Por qué? Para estimular a los 
agricultores a que cultiven más.”1


Yo hablo de Naturalización. Palabra romántica para determinar el proceso de Normalización y la futura DESPENALIZACIÓN del consumo y el auto-cultivo, de la mal llamada “Mariguana”. Mal llamada, porque este apelativo contiene una carga moralista y satanizadora de vieja data. 

Fue un conquistador español, Pedro Cuadrado de Alcalá del Río, quien introdujo las primeras semillas de cannabis sativa en la Nueva España (México). En 1532 el Gobernador don Sebastián Ramírez de Fuenleal mandó sembrar aquellas primeras semillas para desarrollo de una agricultura que era deficitaria entre los “nativos”. Otros virreyes también fomentaron el cultivo de cáñamo, por sus múltiples aplicaciones, y llevaron labradores de España para instruir a los “nativos”2.

A mediados el siglo XIX, los poetas y literatos mexicanos de la época influidos por la moda llegada de Francia de injerir los derivados del cannabis o fumar opio, como los reconocidos "Club des Hachichins", extendieron la costumbre – aquellos ilustrados hispanohablantes- entre las más de 20.000 prostitutas de la capital mejicana de fumar "cannabis sativa". 

Los latifundistas estadounidenses, después de percibir la apoteósica aceptación de la exótica planta en sus “súbditos del sur”, según nos cuenta una posible versión, nombraron de manera peyorativa el popular nombre de marijuana, causa que residía en los nombres de las curanderas, prostitutas y yerberas mejicanas llamadas casi todas Marías o Juanas, las mencionadas utilizaban la planta del con fines medicinales, recreativos o religiosos.

La primera reflexión para la Naturalización es: llamar las cosas por su nombre, el cannabis es cannabis, no marias-juanas como señalan los Green Go´s. 

Interesante paradoja histórica, este último apelativo también es causa de los “enfrentamientos” entre sur y norte: Green go´s, decían las turbas iracundas en Méjico después de la retirada de las tropas estadounidense uniformadas de color verde, sin embargo su golpeado ingles solo daba para Gringo. 

El usuario del cannabis, es usuario de cannabis, no mariguanero, valga la redundancia, la palabra mariguanero, es inapropiada, pues afecta la estructura del castellano y tiene una viciada carga ideológica. 

O que tal llamar a otros consumidores de otras sustancias o plantas… cigarrilleros, tinteros o coca-coleros. Apreciaciones del lenguaje, que carecen de técnica gramática y comunicación asertiva, pues encasillan a las personas por un gusto, un consumo o una tradición en conclusión este tipo de peyorativos sociales son conceptualizaciones imaginarias totalmente moralistas, hipócritas y subjetivas que conllevan a la discriminación 

Si esto llegase a ocurrir en Colombia, hablando de la Naturalización de la planta, las doñas, en sus tertulias, no se escandalizarían por los cogollos de cannabis, que aparecerían en las portadas de la revista GENTE, ALÓ o TV y NOVELAS (por cierto, las más leída del país, debe tener mucho contenido y poco sentido), sino que se escandalizarían - con dolor de patria - de los niños y niñas reclutados por el conflicto en Colombia a diario, o se no fueran participes de la discriminación racial, sexual o de cultos. 

Esto en pleno siglo XXI, son los verdaderos “vicios sociales” que se deben solucionar. No obstante, en Colombia prima el moralismo absurdo. 

Segunda reflexión para la Normalización: naturalizar la planta tanto en usuarios como no usuarios, pues se evidencia en ambas poblaciones el desconocimiento científico y técnico del cannabis, al igual que sus múltiples usos. 

Esta reflexión nos conduce a la tercera, y no solo aplica para el proceso de normalización del cannabis: Indagar las teorías existentes desde diferentes perspectivas, pues la verdad absoluta no reside en los medios de comunicación, las leyes o la religión. En mi opinión la verdad reside en la certeza científica, para este caso. Pregunto… 

¿Si el tabaco, el alcohol y la cafeína son legales, y causan muertes científicamente comprobadas? ¿Por qué el cannabis es ilegal y no hay una sola evidencia científica a nivel mundial que certifique causales de mortalidad?... A poner en práctica la tercera reflexión. 

La dinámica mundial del consumo de sustancias psicoactivas, en la cual encasillan el cannabis (digo encasillan pues científicamente se comprueba que sus efectos son embriagantes y no narcóticos o alucinógenos, además es un sicotrópico natural), evidencia el rotundo fracaso de las políticas púbicas en materia de “drogas”. A la fecha no han logrado los objetivos esenciales para la cual fueron creados: reducir el consumo de estupefacientes y criminalizar a las grandes narco-organizaciones. 

La actual legislación en materia de drogas rivaliza con los principios de legalidad de la ley penal, con los principios por hominie, lesividad y ofensividad, proporcionalidad, además de ser totalmente inconstitucional y violatorias del Tratado de Derechos Humanos del cual somos participes. 

Utilizo palabras técnicas, pues considero necesario aclarar la incidencia social de los proceso de Normalización del Cannabis, ósea si no comprendemos lo anormal de la norma, no naturalizamos la dimensión de la planta. 

La actual legislación carece de objeto jurídico real para proteger, con técnica legislativa deficiente, proliferación de verbos y una serie de limitaciones técnicas y discursivas, señaladas por la más sabia doctrina del derecho, la ciencia y las humanidades. 

Toda política pública nacional que ha pretendido tratar directamente el consumo de sustancias psicoactivas, o a lo que llaman drogas, incluyendo alcohol y tabaco, han fracasado, por ser elaboradas de “emergencia”, con afanes desmedidos, y sin previos estudios de factibilidad e impacto, además, permeada por moralismos radicales y religiosos. 

No vayamos a Europa, donde este proceso lleva un buen rato. En el cono sur de América, Uruguay liderado por el bueno de Pepe, el gran Pepe Mujica, el cual sí conoce – como buen maestre ilustrado - el jugoso mercado ilícito del cannabis, mercadito que le cuesta bastante, al pequeño terruño de 3 millones de pobladores en río de la plata, lidera una legislación coherente con la realidad nacional y mundial (para disminuir el desgaste económico, humano y militar que genera el narcotráfico,) con metas claras, tangibles y efectivas, Uruguay plantea una legislación que fue estudiada, con minucia, previamente con su gabinete y documentada con experiencias similares en España, Portugal, Grecia, Israel, Países Bajos, y en la región, en Chile y Argentina (próximamente Brasil y Antillas), la cual normaliza el consumo de cannabis y el auto-cultivo para disminuir el estimulo comercial de las organizaciones internacionales de distribución de narcóticos, y obviamente controlar el consumo interno según los estándares internacionales. 

Acá empezamos a desmitificar el concepto risorio de las voluntades políticas, por los compromisos éticos y políticos que exige el poder público. 

Cuarta reflexión para una efectiva Naturalización: ¿el poder es para joder, o para dejar hacer?. Es el Estado el que debe articular los procesos de normalización del cannabis, con el constituyente primario – el pueblo – y los actores políticos y sociales del territorio. 

Es sencillo, el Estado uruguayo monopoliza el mercado del cannabis, la produce, la distribuye y la controla, recauda impuestos y los prioriza en tres carteras: Educación, Salud y Cultura. 

Esta última reflexión nos da luces del como la reducción de daños por el consumo de cannabis, debe ser ajena al concepto asistencialista y curativo, y puede llegar a ser una solución a prevenir los neo-consumos, debe pasar a ser una reducción de daños con enfoque preventivo y de auto-cuidado (sostenibles y sustentables), todo lo contrario al colapsado sistema de salud en Colombia, que se auto-desgasta financiera y humanamente con los atípicos enfoques curativos. 

La transformación social que se desarrolla en Uruguay, cambiará la metodología jurídica con el ciudadano, pues lo ilegal es legal, y hasta puede llegar a perder importancia... lo oculto es lo interesante. 

Quinta reflexión: tumbemos los paradigmas con conocimiento y verdad.
No es el consumo el que genera delincuencia, es el precio, el escenario y los canales. 

La legalización no es el paso inicial, indicado, para un efectivo proceso de normalización. Uno no puede entrar a una casa sin preguntar a la puerta o al menos ser invitado. Esto pasaría si se legalizara de buenas a primeras en colombia una planta como el cannabis 

Colombia requiere con urgencia una legislación sensata y dinámica en materia de “drogas”, o lo que señalan de las mismas. ¿Pero es utópico pensarlo? 

En un régimen de excepción, como Colombia, con un sistema político anómalo y un estructura institucional permeable, es fundamental mantener en la clandestinidad el mercado de las “drogas” o mal llamadas drogas para el caso del cannabis; es la fiscalización a ultranza la que genera y fomenta un mercado ilícito de proporciones macro-económicas desconocidas, que se alimenta de la violencia y la sólida corrupción de los estamentos estatales, factores claves para el desarrollo pro-cíclico del régimen de excepción. 

La transnacionalización del fenómeno delictivo, facilito que las grandes naciones y los poderes abstractos impusieran un “modelo de cambio” (desde figuras penales hasta técnicas legislativas, como campañas publicitaria satanizadoras y falaces con recursos públicos) ajenas a la realidad del Estado receptor. 

Consolidando una colonización legislativa totalmente desentendida de las particularidades delictivas de cada país. 

La versión occidental de los norteamericanos, en materia de “drogas”, es tangible en un país como el nuestro, y no solo en materia legislativa de “drogas”. 

Para concluir, es improcedente en este siglo, pero necesario mencionarlo, debemos superar la era de Teodoro Roosvelt: “…las drogas conducen a la criminalidad”, afirmación falaz y carente de sustento científico, un Estado como Colombia sí lo puede conducir o por lo menos propiciar. 

Tratar al consumidor con episodios adicción es sumamente costoso, lo adecuado es prevenir y fomentar el auto-cuidado, se debe superar el enfoque curativo en los modelos públicos de salud. 

En miras a la construcción de políticas públicas sensatas para la población usuaria o no de cannabis, es fundamental diferenciar casos de consumo, tipificando la sustancia, los estados que genera y sus perjuicios, para minimizar daños primarios y secundarios. 

Y dando repuesta corta a la pregunta inicial. 

De legalizar el cannabis en Colombia después del adecuado proceso de Normalización (Naturalización) y Despenalización, tan solo se subiría un escalón, pero representaría un avance incalculable en materia jurídica, social, política, y cultural. 

Pero indudablemente lo más destacado sería que podríamos empezar a hablar de la construcción de un verdadero Estado Social de Derecho. 

SANTIAGO MURILLO A. 

POLITÓLOGO. 

1.Clark, V.S., Historia de la Manufactura en Estados Unidos, McGraw Hill, NY 1929, Pág. 34.

2..Con la llegada del conquistador Español Pedro Cuadrado de Alcalá del Rio y quien introdujo las primeras semillas de cannabis sativa en la Nueva España (el México de hoy), se pasó de un uso meramente industrial del cannabis sativa, al uso medicinal, como explica en 1712, en su "Florilegio medicinal de todas las enfermedades", el jesuita Juan de Esteneyffer. Dice que las semillas de cáñamo se usaban en horchata contra la gonorrea (enfermedad venérea muy común) y que masticadas disminuían la cantidad de leche materna.

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