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domingo, 1 de julio de 2012

Reformas...

Tontos, estúpidos, animales, idiotas útiles, perros, “güevones”, apátridas, superfluos, vendidos, marrulleros, tramposos, faltos de sentido común y muchas otras cosas más somos todos los ciudadanos colombianos, pues hemos escogido a un Congreso de la República que en nada nos representa.

Esto más que una crítica al Congreso es un llamado de atención a todos los colombianos que una vez más demostramos que no sabemos elegir bien a nuestros políticos y que somos culpables de todos nuestros males.

La Reforma a la Justicia no sólo es perversa, sino que además es una bofetada que nos dieron a todos los colombianos. Es un engendro producto de un concierto para delinquir entre el ejecutivo y el legislativo, el cual iba a salir a la perfección sino es porque por fin los ciudadanos nos levantamos en contra de la política tradicional.

Santos se lavó las manos al devolver la reforma al Congreso, Esguerra también se las lavó renunciando a su cartera y diciendo que aceptaba el costo político pero que no era el responsable, Simón Gaviria hizo lo mismo al decir que no la leyó porque le creyó al gobierno que todo estaba bien, los conciliadores se defienden de igual manera diciendo que actuaron de buena fe y que ya el texto estaba así, que lo único que hicieron fue discutir sobre unos textos ya redactados, Vargas Lleras dijo que él fue el impulsor en un principio pero que ese no era el texto inicial, y los ciudadanos por fin estamos despertando y no le estamos comiendo cuento a ninguno.

Hace un año estuve en un simposio organizado por la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia y la Universidad EAFIT que giraba en torno a los 20 años de la Constitución política en el que participaron ex constituyentes, congresistas y académicos y una gran conclusión a la que se llegó es que el gran problema del constitucionalismo colombiano es el exceso de reformismo al que estamos sometidos. La Constitución Política del 91 ha sufrido más reformas que cualquier otra en la historia colombiana y la gran mayoría han sido por Actos Legislativos, lo que quiere decir que el Congreso es el que se ha encargado de manipular la Carta Magna de los colombianos.

El hundimiento a la reforma a la justicia ya está demandado ante el Consejo de Estado por la forma irregular en la que el presidente citó a sesiones extraordinarias al Congreso, lo cual es cierto. Lo más seguro es que esta demanda prospere y en este caso hipotético los efectos producidos por la sesión serían declarados nulos, lo cual desafortunadamente, es el rumbo al cual está condenado a seguir esta reforma de pacotilla.

Esto quiere decir que en el momento en que el Consejo de Estado declare la nulidad de la sesión extraordinaria, la reforma a la justicia volverá a entrar en vigencia y al siguiente día veremos a tantos ladrones de cuello blanco sueltos por las calles de esta patria boba.

Un grupo organizado de ciudadanos está caminándose las calles del país con el objetivo de recoger firmas para impulsar un referendo derogatorio de la reforma. Esto es muy bueno si se tiene en cuenta que nunca antes había existido una movilización de este tipo en Colombia o por lo menos no una que prosperara. Se necesitan 150 mil firmas aproximadamente para que el proceso a la convocatoria del referendo derogatorio sea un éxito. La movilización es excelente en mi criterio y debe contar con el apoyo de todos los ciudadanos que como yo, estamos indignados.

Pero propongo ir aún más allá y en base a la reflexión que hago lo más importante es idear un mecanismo que blinde de verdad nuestra Constitución. Y es que la propuesta no me parece del todo descabellada si tenemos en cuenta que en 21 años de vida de la Carta Magna de los colombianos, ésta ha sufrido casi 40 reformas, más de las que tuvo la del 86 que estuvo en vigencia por más de 100 años.

Hago una analogía y puedo sostener que en los últimos 21 años del constitucionalismo colombiano lo que se ha hecho es prácticamente crear una nueva Constitución sin contar con la aprobación del constituyente primario.

Invito a seguir en movilización, a salir de la apatía que nos ha traído todas estas reformas y a reflexionar no solo acerca de la reforma a la justicia sino de tantas otras que hemos sufrido. Hay otras reformas ya aprobadas como el Marco para la Paz, que quien sabe cuántos micos tiene también y que promueve la impunidad.

Lo más triste es que las reformas que en verdad necesitamos, como la agraria, nunca han llegado y ya llevamos más de 50 años sentados esperando a que esta llegue, ¿y el Congreso? ¡Bien gracias!

Daniel Duque (@danielduquev)

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