Páginas

miércoles, 1 de mayo de 2013

Una enfermedad llamada doble moral


“Usted tiene todo el derecho de no soportar homosexuales, al fin y al cabo no podemos querer a todo el mundo. Lo que no tiene derecho es de violentarlos y negarles sus libertades” Esto lo dijo un profesor mío en una clase sumamente aburrida a eso de las siete y media de la mañana de un viernes, en ese horario que debería ser ilegal dar clases, en los días que está de moda atacar y defender a las minorías y el “boom” es el matrimonio homosexual. Debo confesar que no estaba poniendo la menor pizca de atención en dicha clase, solo hacia dibujos en mi cuaderno donde se suponía tenía que escribir y tomar nota de lo que sucedía, hasta que escuche esta frase. Me despertó de golpe, no esperaba escuchar algo tan simple pero que me generara tantos pensamientos en ese momento donde en lo único que pensaba era en llegar a mi casa a dormir todo el día. Para mí fue algo brillante, y más porque inmediatamente lo relacione, por obvias razones, con lo que sucedía en la corte por esos días: con el tema de los “gays”. Generó tanta controversia en mi cabeza que llegue a varias conclusiones de las cuales me enorgullezco, una de ellas y la que quiero desarrollar en este escrito es una enfermedad, una enfermedad que tenemos todos los Colombianos, una enfermedad que nos empieza a dar cuando defendemos a capa y espada estar contra el racismo y luego empeora en el momento que el delantero de nuestro equipo favorito erra un gol y se nos sale un sutil “¡NEGRO HIJUEPUTA!”, esa enfermedad que nos persigue defendiendo a los homosexuales y después se nos escucha un “Pero que ni por el putas mi hijo me vaya a salir marica”, esa enfermedad que está siempre en las circunstancias que no nos gusta, y en algunos casos inclusive “odiamos”, a un figura pública y luego de su muerte lo veneramos porque simplemente no existe muerto malo. Si usted se sintió identificado con alguno de estos síntomas seguramente usted sufre de una enfermedad bastante común: la doble moral. La doble moral es tan común como la gripa, es tan común que se presenta todo el tiempo en las calles, las redes sociales, la casa, etc. Esto me lleva a preguntarme ¿Por qué existe la doble moral? Seguramente nunca podre responder esa pregunta como muchas otras, pero si usted me lo preguntara ahora, diría que es por la necesidad del ser humano de agradar, de caer bien, de no ser un godo y aparentar ser totalmente comprensivo con su alrededor y sobre todo con su círculo social.
A pesar de tener también esa enfermad se me hace estúpido e incoherente que la padezcamos solo por agradar, o solo porque se nos introduce una idea en la cabeza a la fuerza mediática o social. Acá es cuando me pregunto ¿Por qué no hago a un lado la doble moral? O es que acaso ¿no me puede molestar ver a dos hombres besarse frente a mí? ¿Es el deber de mi vecino sentirse atraído por una mujer negra? ¿El que atiende en la pizzería de mi barrio tiene la obligación que confiar en los clientes con tatuajes? No, la respuesta a todo esto es un no rotundo, no podemos querer a todas las personas, tenemos derecho a tener perjuicios sobre un grupo determinado, tenemos derecho a no sentirnos a gusto con otras, usted tiene derecho a pensar que el que escribió esto que esta leyendo solo escribe basura, mi hermano tiene derecho a no sentirse atraído por las gordas, su novia tiene derecho a botarlo por feo, mi compañero de clase tiene derecho a detestar las mujeres con pelo corto, a fin de cuentas todos tenemos derecho a odiar como también tenemos derecho a amar. Usted no tiene que querer a todo el mundo ni le tiene que agradar todo aquel que lo rodea, pero si usted en determinado caso odia a los homosexuales u odia a los homofóbicos, odia a los negros u odia a los racistas, odia a los extranjeros u odia a los xenófobos, odia a los cristianos u odia a los ateos, etc, si tiene un deber: tiene que tolerarlos, respetarlos, no violentarlos, ser consiente que como usted, también son personas y por ende tienen exactamente los mismos derechos que usted tiene ante la ley, no tiene que quererlos ni entenderlos, solo tiene que respetar sus libertades, tolere al intolerante y vera como dejamos de un lado esa maldita doble moral y construimos, con los que odiamos, un entorno mejor para él y para usted. Simplemente “vivid y dejad vivid”.

Juan Manuel Hernández
@Juan_Tato

2 comentarios:

  1. Que buen comentario! en serio, es algo que debería leer la gente, haciendo énfasis en aquellos que sufren de "tan distinguida enfermedad".

    ResponderEliminar
  2. Muy bien. La opinión del otro es tan importante y más que la nuestra.

    ResponderEliminar