“Usted tiene todo el derecho de no soportar
homosexuales, al fin y al cabo no podemos querer a todo el mundo. Lo que no
tiene derecho es de violentarlos y negarles sus libertades” Esto lo dijo un
profesor mío en una clase sumamente aburrida a eso de las siete y media de la
mañana de un viernes, en ese horario que debería ser ilegal dar clases, en los
días que está de moda atacar y defender a las minorías y el “boom” es el
matrimonio homosexual. Debo confesar que no estaba poniendo la menor pizca de
atención en dicha clase, solo hacia dibujos en mi cuaderno donde se suponía
tenía que escribir y tomar nota de lo que sucedía, hasta que escuche esta
frase. Me despertó de golpe, no esperaba escuchar algo tan simple pero que me
generara tantos pensamientos en ese momento donde en lo único que pensaba era
en llegar a mi casa a dormir todo el día. Para mí fue algo brillante, y más porque inmediatamente lo relacione, por obvias razones,
con lo que sucedía en la corte por esos días: con el tema de los “gays”. Generó
tanta controversia en mi cabeza que llegue a varias conclusiones de las cuales
me enorgullezco, una de ellas y la que quiero desarrollar en este escrito es
una enfermedad, una enfermedad que tenemos todos los Colombianos, una
enfermedad que nos empieza a dar cuando defendemos a capa y espada estar contra
el racismo y luego empeora en el momento que el delantero de nuestro equipo
favorito erra un gol y se nos sale un sutil “¡NEGRO HIJUEPUTA!”, esa enfermedad
que nos persigue defendiendo a los homosexuales y después se nos escucha un
“Pero que ni por el putas mi hijo me vaya a salir marica”, esa enfermedad que
está siempre en las circunstancias que no nos gusta, y en algunos casos
inclusive “odiamos”, a un figura pública y luego de su muerte lo veneramos
porque simplemente no existe muerto malo. Si usted se sintió identificado con
alguno de estos síntomas seguramente usted sufre de una enfermedad bastante
común: la doble moral. La doble moral es tan común como la gripa, es tan común
que se presenta todo el tiempo en las calles, las redes sociales, la casa, etc.
Esto me lleva a preguntarme ¿Por qué existe la doble moral? Seguramente nunca
podre responder esa pregunta como muchas otras, pero si usted me lo preguntara
ahora, diría que es por la necesidad del ser humano de agradar, de caer bien,
de no ser un godo y aparentar ser totalmente comprensivo con su alrededor y
sobre todo con su círculo social.
A pesar de tener también esa enfermad se me hace
estúpido e incoherente que la padezcamos solo por agradar, o solo porque se nos
introduce una idea en la cabeza a la fuerza mediática o social. Acá es cuando
me pregunto ¿Por qué no hago a un lado la doble moral? O es que acaso ¿no me
puede molestar ver a dos hombres besarse frente a mí? ¿Es el deber de mi vecino
sentirse atraído por una mujer negra? ¿El que atiende en la pizzería de mi
barrio tiene la obligación que confiar en los clientes con tatuajes? No, la
respuesta a todo esto es un no rotundo, no podemos querer a todas las personas,
tenemos derecho a tener perjuicios sobre un grupo determinado, tenemos derecho
a no sentirnos a gusto con otras, usted tiene derecho a pensar que el que
escribió esto que esta leyendo solo escribe basura, mi hermano tiene derecho a
no sentirse atraído por las gordas, su novia tiene derecho a botarlo por feo, mi
compañero de clase tiene derecho a detestar las mujeres con pelo corto, a fin
de cuentas todos tenemos derecho a odiar como también tenemos derecho a amar.
Usted no tiene que querer a todo el mundo ni le tiene que agradar todo aquel
que lo rodea, pero si usted en determinado caso odia a los homosexuales u odia
a los homofóbicos, odia a los negros u odia a los racistas, odia a los
extranjeros u odia a los xenófobos, odia a los cristianos u odia a los ateos,
etc, si tiene un deber: tiene que tolerarlos, respetarlos, no violentarlos, ser
consiente que como usted, también son personas y por ende tienen exactamente
los mismos derechos que usted tiene ante la ley, no tiene que quererlos ni
entenderlos, solo tiene que respetar sus libertades, tolere al intolerante y
vera como dejamos de un lado esa maldita doble moral y construimos, con los que
odiamos, un entorno mejor para él y para usted. Simplemente “vivid y dejad
vivid”.
Juan Manuel Hernández
@Juan_Tato
Que buen comentario! en serio, es algo que debería leer la gente, haciendo énfasis en aquellos que sufren de "tan distinguida enfermedad".
ResponderEliminarMuy bien. La opinión del otro es tan importante y más que la nuestra.
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